John Ackerman

Política imperial y derechos humanos

La Jornada, 5 de Abril de 2021

Por: John M. Ackerman (@JohnMAckerman)

 

 

Joseph Biden ha declarado que “America is back en el escenario mundial después de cuatro años de la mirada insular y provinciana de Donald Trump basada en su lema “America first”.  Pero para los pueblos del mundo este retorno al supuesto “liderazgo” internacional de los Estados Unidos se vive más bien como una renovación del intervencionismo y el imperialismo de Washington.

Durante los primeros meses de su gestión, el gobierno de Biden ya ha bombardeado Siria, acusado a Vladimir Putin de ser un “asesino” y provocado la ira de los chinos al iniciar su primer encuentro bilateral con torpes reclamos de parte del Canciller Anthony Blinken sobre el respeto a los derechos humanos en aquella nación asiática.   

En América Latina las cosas no pintan mejor.  Al más puro estilo Trumpista, la semana pasada Blinken recurrió a su cuenta de Twitter para defender a la golpista expresidenta Jeanine Añez y acusar al nuevo gobierno de Luis Arce de tener un “comportamiento anti-democrático” por la supuesta “politización del sistema judicial” (https://bit.ly/3rQW7OX).

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En el mismo tenor, la OEA de Luis Almagro, fiel sirviente de Washington, emitió hace unas semanas un comunicado también condenando el supuesto “abuso de mecanismos judiciales que nuevamente se han transformado en instrumentos represivos del partido de gobierno” en el contexto de la detención de Añez (véase: https://bit.ly/3muX2Uh).

Una de las estrategias más socorridas por los gobiernos emanados del Partido Demócrata, como Biden, Obama y Clinton, es la utilización hipócrita del discurso de los derechos humanos para encubrir y supuestamente justificar un renovado intervencionismo internacional. 

Por ejemplo, el nuevo Informe global sobre derechos humanos publicado hace unos días por la Secretaría de Estado del Gobierno de los Estados Unidos (véase:  https://bit.ly/2PYImAd)  repite todas las mismas mentiras y exageraciones de siempre sobre el supuesto peligro de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel para la democracia y la estabilidad de la región latinoamericana.

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Con respecto a México en particular, con enorme hipocresía el informe critica las lamentables violaciones a los derechos humanos de migrantes en México, muchas de las cuales son resultado directo de las presiones, los chantajes y las políticas impuestas de Washington. El documento también lanza críticas gratuitas tanto hacia la Secretaría de la Función Pública, encabezada por la doctora Irma Eréndira Sandoval, como a Sanjuana Martínez, la Directora General de Notimex.

Con respecto a Notimex, el informe no hace otra cosa que reproducir las especulaciones de Artículo 19 y Signa Lab sobre un supuesto acoso en redes dirigido por Martínez, sin hacer ningún esfuerzo de verificación o comprobación de la información proporcionada.  El informe también menciona solicitudes para remover contenido del internet realizadas en realidad durante el gobierno de Enrique Peña Nieto con el fin de dar la impresión de que el nuevo gobierno de López Obrador también hubiera incurrido en esta práctica.   

Queda claro que lo que busca el gobierno de Biden no es realizar una documentación rigurosa de la realidad y mucho menos defender los derechos humanos, sino sólo recoger chismes que en su momento podrían ser utilizados para chantajear o presionar al gobierno de López Obrador.      

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Se confirma la hipótesis que ya hemos comentado en estas mismas páginas con respecto a la histórica falta de compromiso de Biden con los principios democráticos a lo largo de su carrera política (véase: https://bit.ly/2PxQM1P). Como Senador fue uno de los principales promotores del asesino Plan Colombia de Bill Clinton así como aguerrido porrista de la guerras de George W. Bush en Afganistán e Iraq.  Como vicepresidente con Barack Obama, Biden avaló el golpe del estado en contra del Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, y declaró al gobierno venezolano como “amenaza a la seguridad nacional”.   

En general, los Estados Unidos no tiene ninguna autoridad moral para calificar o exigir nada en materia de los derechos humanos.  El encarcelamiento de menores migrantes, la operación de la prisión de Guantánamo, la permanente violencia de fuerzas policiacas en contra de afroamericanos, las constantes masacres perpetradas por ciudadanos en contra de grupos raciales minoritarios y los recientes bombardeos en Siria son solamente algunos de los ejemplos más recientes del permanente desprecio de Washington hacia los derechos humanos en el mundo.   

Si Artículo 19 fuera una organización realmente independiente estaría profundamente indignada y escandalizada por la evidente utilización política de sus investigaciones por la oficina de Blinken.  Su silencio cómplice en este tema confirma las dudas fundadas con respecto a la falta de autonomía plena de esta organización de los intereses de quienes financian sus investigaciones (véase: https://articulo19.org/sobre-a19/financiamientos/).  

John M. Ackerman

John M. Ackerman

Director del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) e Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Escritor y activista. Doctor en Sociología Política y Doctor en Derecho Constitucional.

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  • Mi querido John, nada hay nuevo bajo el sol, dice el muy conocido refrán y ése es el caso del imperialismo yanqui. Ya sean los rojos o los azules quienes gobiernan en los EUA, la doble moral, la hipocresía y las descalificaciones de los países del mundo que se opongan al criminal saqueo que las empresas multinacionales norteamericanas llevan a cabo en sus territorios, están siempre en el centro de la política exterior estadunidense. Así que esperar que esto cambie, es como pedirle peras al olmo. Lo que sí tenemos que hacer y hacerlo todos, es dar a conocer las mentiras imperialistas norteamericanas, para que nuestro pueblo esté bien enterado de que los «good guys» de Hollywood no son tales y que se mantenga la unidad latinoamericana apoyando a los gobiernos democráticos emanados del pueblo, como es el caso reciente. de Bolivia y Argentina.