John Ackerman

Bienvenida, hermana migrante

La Jornada, 22 de octubre, 2018

Por: John M. Ackerman (@JohnMAckerman)

Ningún ser humano es ilegal. El hecho de que una persona no cuente con documentos que acrediten su legal estancia en el país de ninguna manera anula sus derechos humanos. Los mexicanos indocumentados que contribuyen con el sudor de su frente a la economía de Estados Unidos no son criminales. Los centroamericanos que buscan refugio en México o quieran transitar en busca de oportunidades económicas al norte, no deben ser tratados como invasores o delincuentes, sino como hermanos y hermanas.

“Venimos en paz y en busca de trabajo”, sostuvo Mario Orellana, de 28 años, de San Pedro Sula, Honduras, en entrevista con La Jornada. “El presidente Donald Trump no nos quiere, pero le aseguro que no somos delincuentes. Si escucha mi mensaje, le digo que la mayoría de los integrantes de la caravana de migrantes hondureños somos madres solteras y hombres trabajadores que queremos sacar adelante a nuestros hijos”, comparte Isis Ramírez, quien viaja con sus tres hijas de 15, 12 y 10 años.

Dicho y hecho. No existe un solo reporte de la comisión de algún delito por los integrantes de la Caminata Migrante. Los centroamericanos no hacen otra cosa que ejercer su derecho humano al libre tránsito y su movilización responde a la necesidad humana de buscar mejores oportunidades y bienestar.

Caravana migrante. Foto: Edgard Garrido/Reuters

Pero muchos mexicanos prefieren seguir el lamentable ejemplo de Donald Trump. De la misma manera en que el presidente estadunidense señala a los mexicanos como invasores y violadores, hay quienes asumen una postura abiertamente racista y clasista hacia los centroamericanos. Piden la militarización de la frontera con Guatemala, así como la deportación inmediata de quienes burlaron el control.

“Mire, si a nosotros nos deportan, que nos den por desaparecidos”, aseguró a la periodista Blanche Petrich una mujer que viaja en la caravana con ocho hijos. Pero esta dura realidad les importa poco a los pequeños trumpistas mexicanos que hoy se desenmascaran frente a la crisis actual.

Es importante recordar que nuestra Constitución, los tratados internacionales y la Ley de Migración obligan al Estado mexicano a proteger y tutelar los derechos de las personas migrantes. Por ejemplo, el artículo 7 de esta ley dice que “el libre tránsito es un derecho de toda persona y es deber de cualquier autoridad promoverlo y respetarlo”. No solamente los ciudadanos mexicanos, sino “toda persona” cuenta con este importante derecho humano.

El artículo 2 de la misma ley señala que la política migratoria del Estado mexicano debe sustentarse en el principio del “respeto irrestricto de los derechos humanos de los migrantes” y prohíbe su criminalización, ya que “en ningún caso se prejuzgará la comisión de ilícitos por parte de un migrante por encontrarse en condición no documentada”. El mismo artículo también exige de forma explícita la “congruencia” de las autoridades, ya que el Estado mexicano debe garantizar en el territorio nacional “la vigencia de los derechos que reclama para sus connacionales en el exterior”.

Otro principio contenido en la Ley de Migración es la “hospitalidad y solidaridad internacional con las personas que necesitan un nuevo lugar de residencia temporal o permanente debido a condiciones extremas en su país de origen que ponen en riesgo su vida o su convivencia, de acuerdo con la tradición mexicana en este sentido”.

Así que quienes reclaman la “aplicación de la ley” a la Caminata Migrante tendrían que celebrar las acciones humanitarias tomadas por algunas autoridades, así como condenar la utilización de la fuerza.

La movilización de miles de migrantes no es solamente un acto de desesperación masiva, también es un valioso acto de protesta social y de desobediencia civil pacífica. Ver el problema de los migrantes ayuda a hacer conciencia entre la población sobre las enormes dificultades que sufren quienes se ven obligados a trasladarse a otro país, así como con respecto a la crisis política, social y económica que se sufre en los países de Centroamérica.

Cuando un sistema político obstaculiza la movilidad humana es señal clara de su debilidad y su autoritarismo. Así como el Muro de Berlín simbolizaba la decadencia del comunismo realmente existente, los nuevos muros de Trump, Juan Orlando Hernández, Jimmy Morales y Enrique Peña Nieto indican el próximo colapso del neoliberalismo capitalista.

Los mexicanos nos encontramos frente a una crucial disyuntiva histórica. ¿Seguiremos atando nuestro destino al barco del neoliberalismo estadunidense que cada día se hunde más o seremos capaces de apalancar la coyuntura que nacerá el primero de diciembre para trazar un nuevo camino soberano y solidario humanitario?

Publicado originalmente en el diario La Jornada 

John M. Ackerman

Director del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) e Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Escritor y activista. Doctor en Sociología Política y Doctor en Derecho Constitucional.

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