John Ackerman

Lecciones de Texas

La Jornada, 22 de Febrero 2021

Por: John M. Ackerman (@JohnMAckerman)

 

 

El mercado energético tejano rebasa los sueños más guajiros de los neoliberales más dogmáticos. En aquel estado del sur de los Estados Unidos existen más de 200 diferentes proveedores privados de electricidad que supuestamente compiten entre sí en un mercado “libre” de compra y venta de energía.  Los consumidores tienen el derecho a elegir y a cambiar constantemente entre las diferentes empresas y los precios varían de acuerdo con la llamada “ley” de la oferta y la demanda.

Los resultados de esta extrema desregulación se encuentran a los ojos de todos. 4.5 millones de tejanos sufrieron apagones la semana pasada y quienes mantuvieron su conexión vieron aumentar estratosféricamente sus cuentas de luz. Por ejemplo, el New York Times ha reportado que algunos clientes han tenido que pagar 30, 40 o hasta 70 veces más de lo normal, con cuentas de hasta 16 mil dólares, para mantener su servicio, lo cual está llevando a la bancarrota a miles de clientes (véase: https://nyti.ms/3aBE21U).

Texas es una auténtica utopía para los neoliberales. Ahí el mercado eléctrico es manejado por una organización no gubernamental, el Electric Reliability Council of Texas (ERCOT), con mínima supervisión de parte del gobierno estatal y ninguna regulación por el gobierno federal. Desde hace décadas Texas “se independizó” de Washington en materia energética con el fin de entregar a las empresas privadas todo el poder sobre el sector (véase: https://bit.ly/2NHQgwW).

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Ahora bien, el impacto al sur del Río Bravo de la crisis tejana también ha evidenciado las enormes debilidades del modelo neoliberal. Los apagones mexicanos recientes son resultado de la extrema dependencia que tenemos en el exterior.

Hoy más de 40% de la electricidad consumida en México depende de fuentes externas. Nuestra vulnerabilidad principal se encuentra en materia de gas natural.  50% de nuestra electricidad es generada por esta vía y 70% del gas que usamos se importa desde los Estados Unidos, con la mayor parte proveniente precisamente de Texas.

En general, entre 2008 y 2017, México pasó de 1.2 a 0.76 en el índice de independencia energética de la Agencia Internacional de Energía, lo cual contabiliza no solamente la electricidad sino todas las fuentes de energía.  Es decir, mientras en 2008 producíamos 20% más de lo que requeríamos en términos netos, para 2017 ya estábamos 24% en déficit.  Fue en el año 2015, a la mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto, que formalmente perdimos nuestra independencia en la materia.

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Tal y como documentamos en nuestra colaboración de la semana pasada en estas mismas páginas, los gobiernos del PRI y el PAN le apostaron a la destrucción de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y a la privatización paulatina del sector (véase: https://bit.ly/3bsGNBH).  De acuerdo con la vieja ideología trasnochada, las empresas estatales son por definición ineficientes y su responsabilidad principal debe ser subsidiar a las empresas privadas.

Las importantes inversiones que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hoy está realizando tanto en el CFE como en PEMEX son urgentes y necesarias. Por fortuna los mexicanos todavía contamos con estas empresas estatales cuya función es garantizar el interés público y el bienestar de la población por encima del lucro y los beneficios particulares.

El fortalecimiento de CFE y PEMEX también es esencial como un asunto de seguridad nacional y para garantizar la fortaleza de nuestra política exterior. La vigencia de la democracia mexicana y la soberanía popular depende del fortalecimiento del sector energético.

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Sin autonomía en materia energética siempre estaremos vulnerables a los chantajes internacionales.  Hoy la crisis fue por la onda gélida, pero después podrá ser con el fin de presionarnos para cumplir con exigencias de Washington en materia económica o política.

Quienes hoy defienden las reformas energéticas neoliberales del pasado buscan convertir a México en Texas.  Quienes estamos a favor del avance de la Nación debemos aprender bien la lección de la semana pasada para redoblar nuestros esfuerzos a favor de la rectoría del Estado en materia energética a favor del interés público y ciudadano.

www.johnackerman.mx

John M. Ackerman

John M. Ackerman

Director del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) e Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Escritor y activista. Doctor en Sociología Política y Doctor en Derecho Constitucional.

Comentarios

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  • Mientras el Estado siga dependiendo del extranjero, pudiendo ser autosuficientes seguiremos arrodillados a sus intereses. LA REFORMA PROPUESTA POR EL PRESIDENTE AMLO DEBE PROSPERAR PARA TENER UN PUNTO LEGAL DEL CUAL PODAMOS AGARRARNOS Y PODER NEGOCIAR. Aunque les sigamos comprando.

  • Definitivamente no hay razón para que el estado se desentienda de sus funciones como es la planeación, coordinación y supervisión en la prestación de servicios estratégicos. Y ahí está exactamente el quid en este pleito entre el neoliberalismo y lo como se llame que pretende AMLO (sin una meta o planeación, objetivo o algo concreto no va a ninguna parte). Para los que si somos mexicanos, nacidos en México, con el amor original hacía tu país, que sabemos de historia y lo hemos vivido, la propiedad del gobierno sobre los medios de producción ha resultado en su quiebra.
    Podría exponer muchas razones para ello, pero no acabaría, solo me centraré en la rapiña de aquellos que dicen querer a «nuestro» país, incluso siendo extranjeros y que se acercan al poder con el objeto de sacar provecho a su favor y de pronto tienen propiedades y dinero salidos del erario público.
    Pero dice el Santo patrón que cuando se trata de lo que roba su gente «no es corrupción».
    Ese es el problema, ahora son corruptos y cínicos.

  • Ningún modelo estatista resolverá esto. Pemex y cfe están quebrados precisamente por los manejos de los políticos. Ni texas ni México deben dar marcha atrás en el modelo de libre mercado

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