John Ackerman

El asesino de El Paso, representante de una nueva ideología neofascista

Videocolumna, RT en español, 11 de agosto, 2019

Por: John M. Ackerman (@JohnMAckerman)

 

 

Patrick Crusius, el asesino de El Paso (Texas), no es un enfermo mental, sino un representante de una nueva ideología neofascista que va tomando forma en EE.UU. y el mundo. No solo los mexicanos y los ‘hispanos’, sino la humanidad entera está en riesgo.

El joven Crusius, de apenas 21 años, es, sin duda, un monstruo. Sus ideas sobre limpieza étnica y la supuesta existencia de una ‘invasión hispana’ a EE.UU. son aberrantes y vomitivas.

Sin embargo, sería un grave error tratar este incidente como si fuera un caso aislado; simplemente, de ‘un loco’ influido por las palabras de Donald Trump y con fácil acceso a armas de alto poder.

El problema de fondo no es la salud mental ni el discurso del presidente estadounidense ni el mercado de armas, sino el avance de una nueva ideología de aniquilación racial y de guerra civil que solamente crecerá durante los próximos años.

El ‘manifiesto’ que Crusius publicó antes de su ataque es asqueroso, pero también perfectamente coherente y claro.

Quizás, la sección más escalofriante del escrito es cuando el asesino cuestiona “la hipocresía” de sus conciudadanos que apoyan “guerras imperiales” de Washington en otros países, pero le criticarán por emprender una guerra “aún más importante” dentro de su propio país.

Crusius dice que la amenaza interna de “los hispanos” y otras personas de color es mucho mayor que la amenaza externa de los países enemigos.

Justifica sus acciones a partir de la aplicación local de la lógica de guerra imperial.

¡Ojo! Este enfoque de Crusius fue, precisamente, la estrategia ideológica de Adolfo Hitler y los nazis.

Frente a la marginación de Alemania en el reparto colonial al final del siglo XIX y la derrota de este mismo país en la Primera Guerra Mundial, los alemanes llevaron la lógica de guerra imperial y racial hacia su propio pueblo y los países vecinos.

Hoy, con el colapso del predominio mundial de EE.UU. y su pérdida de hegemonía frente a China, Rusia, Europa y América Latina, estamos entrando en una etapa muy similar de la historia.

La desesperación de un imperio herido lo lleva a implementar las mismas herramientas que utilizaba para atacar a sus enemigos externos, para aniquilar a sus enemigos internos: en este caso, México y los mexicanos.

Así que Donald Trump no es la causa, sino el efecto de un proceso histórico mucho más profundo.

Simplemente, denunciar su racismo o llamar a derrotarlo en las urnas en las próximas elecciones presidenciales no es suficiente. Urge también construir nuevas estrategias y alianzas a favor de la causa humanitaria y la justicia social a nivel global.

¡Manos a la obra!

John M. Ackerman

John M. Ackerman

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Escritor y activista. Doctor en Sociología Política y Doctor en Derecho Constitucional.

Comentarios

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  • Mi querido John haz despejado la encrucijada que ha provocado todas las matanzas en el territorio de los Estados Unidos de América en los últimos 24 meses, asesinatos de judíos orando en sus sinagogas, de musulmanes orando en sus mezquitas, de afroamericanos cristianos orando en sus Iglesias y ahora más específicamente, de mexicanos en El Paso, Texas. Efectivamente, la pregunta que no había podido contestarme era ¿Cómo es posible que más de 60 millones de estadounidenses todavía puedan creerle a Trump las más de diez mil mentiras que el New York Times le ha contabilizado desde que inició su período presidencial? Pues sí, son los,estertores de muerte del imperio norteamericano está en decadencia y su tabla de salvación es precisamente acusar a los grupos étnicos más visibles en la población estadounidense de la innegable debacle del imperio norteamericano. Es hora de alzar la voz y desenmascarar a los voceros de esta nueva avanzada neofascista, antes de que los tanques militares rueden por las calles de nuestras ciudades.

  • Como siempre, un magnífico análisis. Quienes hemos tenido que vivir en Estados Unidos hemos visto ese subyacente racismo que se descara cuando un blanco se emborracha o droga y desconoce a sus colegas mexicanos o hispánicos (no hispanos).

    El racismo está tan enraizado en la mente de muchos estadounidenses y en otras nacionalidades que forma parte de su propio instinto de conservación.

    El racista recibe las señales de políticos, clérigos e ‘influencers’ arribistas y, quienes son débiles para ganar su sitio en una sociedad multirracial, tenderán a buscar o crear un grupo de similares a él y cometerán este tipo de crímenes para congratularse con sus iguales.

    Estrategia:
    1. Señalar a los políticos, clérigos e ‘influencers’ que cometan hostigamiento a otra raza u otro grupo social, como AMLO cuando fustiga a sus ‘adversarios’, cuando Solalinde fustiga a nosotros los mestizos, cuando Ackerman fustiga con su soberbia a otros miembros del periodismo mexicano o intelectuales y como muchos ejemplos más.
    2. Educación contra el racismo y el odio a los menores de edad.
    3. Cárcel de 24 horas, como a los borrachos, para los políticos, clérigos e ‘influencers’ que reincidan en sus manifestaciones de encono o soberbia; incluir a las ladys y lords tan conocidos hoy en las redes.
    4. Si se demuestra que un crimen fue influenciado por un político, clérigo o ‘influencer’ bocón, que se le vincule al proceso.

    Recomendación para todos: vean la película Becket donde Tomás Becket, santo católico y anglicano, es asesinado por una expresión pública de odio de Henry II de Inglaterra allá por el año 1060. Una magnífica actuación de Peter O’Toole.

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